Afganistán sigue siendo un escenario incierto para los actores del mundo árabe e Islámico. Sin embargo, se suscitaron conversaciones sobre una cierta estabilidad tras la llegada al poder del Talibán a Kabul, o eso prometieron hace dos meses atrás. El factor que sigue perturbando y siendo contraproducente en la búsqueda de estabilidad son los continuos ataques de Estado Islámico en dicho país.
El día 15 de octubre a las 13.00 hs locales, un atentado suicida contra la mezquita chií Yamia Fatamiyat ocurrió durante las oraciones del viernes, causando al menos 32 muertos y más de 70, heridos según la agencia afgana Bakhtar. Hubo tres explosiones según cuentan testigos: una en la puerta del edificio; otra al sur; y la tercera en la zona de las abluciones.
Este atentado tiene dos características interesantes: la primera es que ocurrió en la zona de Kandahar, cuna del movimiento Talibán y con quienes disputan el poder de Afganistán; y segundo, el hecho de que fue contra una minoría chií, a quienes consideran infieles al Islam. Este atentado, luego de aquel del 26 de agosto contra el Aeropuerto de Kabul, fue el más mortífero de todos los acontecidos desde agosto hasta ahora.
Los ataques de Estado Islámico aumentaron notablemente desde el retiro de tropas norteamericanas de suelo afgano, lo cual se puede considerar una amenaza contra la vaga estabilidad regional. El Talibán poco tiene de conocimiento sobre la lucha contra el terrorismo, lo que implica que un escalamiento de las disputas y los atentados puedan llegar a una situación crítica,
5 en la cual ISIS tenga la posibilidad de acceso al poder. “Todo apunta a que el ISIS ha reorganizado sus células en zonas urbanas para golpear a la comunidad chií y a los talibanes”, señala un analista afgano sobre asuntos de terrorismo y seguridad.