“La guerra es la continuación de la política por otros medios” escribió el militar prusiano Karl Von Clausewitz. El dirigente comunista chino Zhou Enlai completó: “La diplomacia es la continuación de la guerra por otros medios”. Para Siria esto parece verse reflejado. El año que está llegando a su término, estuvo marcado por un inicial equilibrio en el poder militar con una tendencia favorable al ejército sirio y sus aliados, a partir de su recuperación apoyado por Rusia. Las escasas y fracasadas treguas generales, negociadas directamente entre el secretario de Estado norteamericano John Kerry y el ministro de Relaciones Exteriores ruso Serguéi Lavrov, constituyeron intentos de refrendar en el ámbito diplomático lo conseguido en el teatro de operaciones. Su fracaso parece verificar tal equilibrio de fuerzas relativo. Algunas treguas lograron efectivizarse, pero todas en una geografía y tiempos reducidos con objetivos claramente marcados, como la llegada -no sin dificultades- de ayuda humanitaria para la población civil sitiada, por ejemplo en Alepo, o la retirada pactada de las milicias opositoras, apoyadas por Occidente y sus aliados regionales, cuando debieron replegarse de posiciones insostenibles ya por las armas.
La toma del este de Alepo (en cuestión de tiempo) por parte del Ejército sirio y sus aliados implica