Desde la internacionalización del conflicto en 2015, Yemen solo conoce tres cosas: sangre, muerte y mezquindades políticas. En aquel entonces, la coalición internacional liderada por Riad perseguía como objetivo hacer retroceder a los rebeldes houtíes de la capital, alegando que eran impulsados por Irán. Sin embargo, la operación fue un completo fracaso y el país se encuentra en una de las peores crisis humanitarias de la historia.
El pasado 5 de junio, una estación de servicio en la provincia de Marib fue blanco de un ataque que causó al menos 17 muertes de civiles – pudiendo llegar a 21 -, entre las que se encontraba una niña de cinco años y su padre. Este hecho se produjo un día después que el enviado de Estados Unidos para Yemen acusara a los rebeldes de no esforzarse por llegar a un alto al fuego.
Inmediatamente, salió a la luz la mediocridad de la política yemení. Desde el oficialismo acusaron a los rebeldes y afirmaron que minutos después un avión no tripulado bombardeó a las ambulancias que iban en socorro de los heridos. Por su parte, los houtíes afirmaron que habían atacado sólo un campamento militar y exigieron una investigación imparcial de los hechos.
Mientras todas las partes continúan con la política de ‘hacer mas culpable’ al rival, los combates en la provincia de Marib continúan firmes. Esta provincia es rica en recursos naturales y constituye uno de los bastiones del gobierno. A su vez, a lo largo del conflicto se había mantenido al margen de la violencia, por lo que muchos habían encontrado allí refugio. Sin embargo, desde febrero, los rebeldes han comenzado una fuerte ofensiva para tomarla, para de esta manera darle el golpe de
5 gracia al oficialismo. Una vez más, la mediocridad y la sangre siguen marcando el pulso de la política yemení.