El impulso de Türkiye en África en el último tiempo ha combinado alcance humanitario, creación selectiva de alianzas, pero especialmente posicionamiento militar. La guerra civil de Sudán en 2023 enfrentó a las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), respaldadas por los Emiratos Árabes Unidos, contra las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF), respaldadas por Egipto y Arabia Saudita. Türkiye vendió armas a ambos, pero se inclinó por las SAF, entregando 120 millones de dólares en drones Bayraktar TB2. Junto con los drones iraníes, el armamento fue fundamental para ayudar a las asediadas SAF a capturar ciudades clave en 2024.
El 3 de mayo del presente año, los vehículos aéreos no tripulados, operados por turcos que luchaban junto al ejército sudanés en Port Sudan, atacaron un avión de carga militar en el aeropuerto de Nyala. Se sospechaba que el avión transportaba drones "suicidas", municiones y sistemas de radar militar. Mientras los funcionarios sudaneses y los oficiales del ejército celebraban el ataque, no sabían que también se había desencadenado una escalada de tensiones entre Türkiye y los Emiratos Árabes Unidos. En este marco, Amnistía Internacional denunció que Abu Dabi había estado enviando armamento de fabricación china, incluidas bombas guiadas GB50A y obuses AH-4 de 155 mm, a Darfur, a pesar del embargo de armas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Una victoria de las SAF podría posicionar a Türkiye estratégicamente a lo largo del Mar Rojo, a pesar de que su contrato de arrendamiento de 99 años en la isla de Suakin, firmado en 2018, sigue estancado debido a los ataques de las RSF. Suakin, que alguna vez fue un próspero puerto otomano, ocupa un lugar destacado en la retórica neo-otomana de Ankara, pero su transformación en un centro naval y comercial en funcionamiento sigue siendo distante. Desde Mogadiscio hasta Trípoli y Jartum, la huella africana de Türkiye está creciendo, pero principalmente en Estados inestables y escenarios disputados. En este sentido, está lejos de controlar las rutas marítimas de África o reemplazar la hegemonía de otras potencias en el continente. A su vez, controversias como la intromisión en asuntos legales internos somalíes o las críticas por su política hacia Libia pesan sobre la credibilidad de Ankara como socio.
Esta no es la primera vez que Türkiye y los Emiratos Árabes Unidos se encuentran en desacuerdo. Una intervención turca en Libia en 2020 enfrentó a ambos países ya que Ankara respaldó al gobierno libio reconocido por la ONU en el oeste, y los Emiratos Árabes Unidos apoyaron a las fuerzas del comandante libio Khalifa Haftar en el este. Las fuerzas de Haftar formaban parte de las líneas de suministro utilizadas por Emiratos Árabes Unidos en su patrocinio de las RSF en Sudán, mientras que el Gobierno turco pudo defenderse de una ofensiva de Haftar gracias a los mismos drones turcos que son operados ahora por Sudán.
A su vez, Türkiye está librando una guerra de poder con los Emiratos Árabes Unidos en Siria. Con el primero, respaldando al nuevo gobierno de Hayat Tahrir al-Sham (HTS) y, con el segundo, por ser acusado de defender a las Fuerzas Democráticas Sirias lideradas por los kurdos y apoyadas por los Estados Unidos. En este contexto, retomando el caso de Sudán, presionar a las RSF significa arrastrar