La muerte reciente del presidente iraní, Ebrahim Raisi, a causa de un accidente de helicóptero, ha tomado por sorpresa al país. Si bien la estructura constitucional persa asegura una transición ordenada, la pérdida de una figura como Raisi trae consigo mayores consecuencias. El clérigo ultraconservador no sólo era presidente, sino que también aspiraba a ser el futuro Líder Supremo,
contando con el apoyo del actual, el Ayatollah Alí Jamenei.
Tras su fallecimiento, el primer vicepresidente, Mohammad Mokhber, fue elegido para tomar las riendas del país de forma interina. Las próximas elecciones serán el 28 de junio. Sin embargo, las preocupaciones internas van más allá. Para Jamenei, es central que la persona que lo suceda vele
rigurosamente por los principios de la Revolución del ‘79.
Ahora bien, no sólo los Ayatolás tienen ansias de tomar el poder. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, cuyos integrantes son conocidos como “los Pasdaran”, constituye un órgano fundado por Jomeiní en 1979. Ellos han asumido el rol de guardianes del islam, pero lo cierto
es que hoy en día su influencia excede las fronteras iraníes.
A lo largo de los años, los Pasdaran fueron ganando protagonismo. Además de gobernar en algunas provincias, cuentan con miembros en el Parlamento. Por otro lado, su continua represión en diversas situaciones –apoyada por la élite política y clerical- les brindó aún más peso en las cuestiones locales. De este modo, constituyen un poder desafiante tanto dentro como fuera del país, y posiblemente busquen revertir la supremacía histórica del Líder Supremo, apoyando a algún
candidato reformista.
El sistema político iraní de ningún modo se enfrenta a un “vacío de poder”; por el contrario, la
situación actual permite pensar en una puja entre distintos sectores por el dominio político.
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