En el mes de agosto, las autoridades de Emiratos Árabes Unidos (EAU), Qatar y el Reino de Arabia Saudí (RAS), anunciaron de manera independiente la intención de volcar considerables sumas en la economía pakistaní. En total, las inversiones alcanzarían los 5 mil millones de dólares americanos, con Qatar representando el 60% del total. Estas noticias se dan en un contexto de aprietos económicos para Islamabad. A la creciente inflación (en julio marcó un 24% interanual) y una pérdida de valor de la rupia frente al dólar, se suman las dificultades respecto al pago de importaciones dadas unas reservas internacionales mermadas. Las inversiones representarán, así, un agradecido salvavidas.
El primero en hacer públicas sus intenciones fue Abu Dabi, a quien le siguió Doha tras una visita del primer ministro de Pakistán y, por último, fue el turno de Riad. En los tres casos, las autoridades respectivas señalaron, sin mayores precisiones, que los principales sectores afectados serían energía (renovables y gas) y nodos logísticos (terminales portuarias y aeropuertos).
Las inversiones también buscan incrementar las relaciones comerciales y la cooperación entre los Estados. En particular, Arabia Saudita históricamente ha mantenido fuertes lazos con su vecino por cuestiones principalmente políticas -entre ellas la rivalidad con Irán-, por lo que no es sorprendente que ahora acuda en su ayuda. Qatar, por su parte, declaró que apuntaba a desarrollar las relaciones bilaterales en las áreas de “defensa, economía, inversiones, comercio, energía y deportes, además de discutir los esfuerzos realizados por ambos para combatir el terrorismo”, de acuerdo con el comunicado oficial.
En paralelo, Islamabad busca acceder a una línea de crédito del Fondo Montario Internacional de unos 6 mil millones de dólares americanos; que, junto con las inversiones de sus vecinos, inyectarían las suficientes divisas para poder superar las actuales dificultades económicas.