El pasado lunes 11 de octubre, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, señaló que Turquía “está decidida a eliminar las amenazas presentes en el norte de Siria”, luego de un ataque que le atribuyó a las Unidades de Protección Populares (YPG) y que dejó dos policías turcos muertos en la región de Azaz, en la frontera turco-siria.
“No nos queda paciencia con respecto a algunas regiones de Siria que tienen la cualidad de ser fuente de ataques a nuestro país”, enunció Erdogan en conferencia de prensa. “El último ataque a nuestra policía y las amenazas que tienen como objetivo nuestro territorio han sido la gota que derramó el vaso”, sentenció el primer mandatario. Sus palabras resuenan cada vez que el norte sirio es epicentro de ataques contra las fuerzas turcas. El ministro de Relaciones Exteriores, Mevlut Cavusoglu, se expresó con igual rigor al afirmar que Turquía “hará lo que considere necesario” luego de los ataques.
En la misma línea dura, el ministro lamentó la “falta de sinceridad” de Washington en las disculpas entregadas luego del ataque en Azaz y de los reportes de disparos de municiones en otras regiones fronterizas. “Les están proporcionando armas y luego hacen una declaración sólo para aparecer consternados”, denunció Cavusoglu al referirse al doble estándar de los Estados Unidos. Las tensiones bilaterales aumentan cuando la cuestión kurda vuelve a ser puesta sobre la mesa. 7 Turquía mantiene presencia en Siria desde la primera intervención militar en 2016 llamada Escudo del Éufrates, a la que le siguió la operación Rama de Olivo en 2018 y Fuente de Paz en 2019. El objetivo fue asegurar y liberar la frontera de grupos terroristas, ya sea del Estado Islámico o de las YPG, consideradas estas últimas de tal modo por Ankara en contraste con la postura de apoyo de los Estados Unidos y sus aliados occidentales.