Líbano, que ya atravesaba una crisis en 2020, vio empeorada la situación cuando luego de la explosión de Beirut de agosto de ese año, el entonces Primer Ministro, Hassan Diab, abandonó el poder. Desde entonces, la imposibilidad de formar un gobierno solo empeoró la situación y generó mayor desconfianza entre la población y en el resto de los países y organismos que podrían prestar ayuda.
Recién después de más de un año de estancamiento político se logró formar un nuevo gobierno. El pasado 10 de septiembre asumió como Primer Ministro Najib Mikati, un empresario multimillonario sunita de 65 años que ya había ocupado el cargo dos veces en momentos críticos, en 2005 y entre 2011 y 2014. En la reunión con el presidente Michel Aoun y el jefe del Parlamento, Nabih Berri, Mikati anunció la formación de su nuevo gobierno.
Mikati planteo la necesidad de dejar de lado una política divisoria como paso esencial para poder entablar conversaciones con el Fondo Monetario Internacional, lo cual considera necesario para hacer frente a la crisis. También anunció que buscaría el apoyo de aquellos países árabes que se han ido alejando del país a raíz del alto poder del grupo Hezbollah. Por último, puso énfasis en las dificultades diarias que encuentra la población, como la escasez de medicamentos y el problema de combustible.
El nuevo Primer Ministro, a pesar de que es considerado un hombre moderado que busca mantener buenas relaciones con todas las fuerzas políticas libanesas, no cuenta con todo el apoyo
8 del pueblo. Para la población sigue siendo un accionista de un gran banco, un hombre del “establishment”, por lo que no tienen confianza en que las cosas vayan a cambiar. A pesar de esto, podría considerarse un comienzo el hecho de que hayan logrado formar un nuevo gobierno después de tantos meses.
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