En un nuevo año que llega a su fin, los inconvenientes regionales demostraron, una vez más, su incidencia en la política interior del Líbano. La agenda nacional estuvo marcada por dos hechos fundamentales. Por un lado, la lucha contra el derrame del conflicto sirio, y por otro, las crecientes tensiones entre Arabia Saudita e Irán que empujaron la renuncia virtual del primer ministro, Saad Hariri.
El primer hecho refiere a los logros militares frente al terrorismo islamista conseguidos en la frontera sirio-libanesa a mediados de año. La primera victoria, en Arsal, se logró luego de una operación táctica sin precedentes realizada por Hezbolá que llevó a la rendición del Frente Al-Nusra, y reveló a su vez los grandes avances del ejército del Partido de Dios. Un papel importante también cumplieron las fuerzas nacionales, asegurando los alrededores de Arsal. Semanas más tarde se registraron nuevos avances por parte del ejército libanés al expulsar de otras localidades fronterizas a combatientes de ISIS, al mismo tiempo que el ejército sirio, junto con Hezbolá, recuperaba otros sitios estratégicos de las fronteras.
En segundo lugar, la lucha por la hegemonía regional entre Teherán y Riad tuvo otro round,
involucrando en esta ocasión al Líbano. La población se vio sorprendida el pasado 4 de noviembre cuando, desde una transmisión realizada desde Arabia Saudita, el primer ministro presentó su renuncia al cargo, renegando sobre la interferencia iraní en la política local y advirtiendo sobre amenazas a su vida y a la de su familia. En medio de un fuerte misterio, se rumoreó que el jefe de gobierno libanés estaba en Riad privado de su libertad, y que la medida había sido promovida desde el trono saudita. Las protestas en Beirut y la intervención de Francia insistiendo en que Hariri debía visitar París lograron romper el cerco, y tras un breve paso por la Ciudad de las Luces, regresó a la capital libanesa el 21 de noviembre. Una vez allí, retiró la renuncia y promovió un frágil acuerdo para mantener al Líbano lejos de los conflictos regionales.
Además, la agenda doméstica será testigo de un destacado hecho el año próximo: en mayo tendrán lugar las elecciones parlamentarias destinadas a renovar las 128 bancas de la Cámara de Diputados. Serán las primeras en nueve años, y agitarán aún más las turbulentas aguas de la política libanesa.
PROF. LIC. SAID CHAYA Y RODRIGO ECHEN
Observatorio Región MENA