El mes pasado el naufragio de inmigrantes subsaharianos en las proximidades de la costa de Trípoli dejaba un saldo de 97 desaparecidos, evocando una vez más la crisis migratoria que atraviesa un país signado por la división política. La persistencia de la inestabilidad institucional en este Estado dividido de facto impide abordar de una manera realista la tragedia de las personas que quieren cruzar a Europa.
Las cifras de inmigrantes fallecidos en las aguas del Mediterráneo alcanzaron el récord de 5.000 personas en 2016, según ACNUR y la Organización Internacional para las Migraciones. La acogida de los sobrevivientes se ha vuelto insostenible para Europa.
Para paliar esta problemática en descomunal alza en lo que va del 2017, se han producido ciertos avances: en marzo del corriente año el Grupo de contacto del Mediterráneo Central, que engloba a Austria, Francia, Alemania, Italia, Libia, Malta, Eslovenia, Suiza y Túnez, celebró una reunión de ministros del interior en Roma, a la que también acudió el
jefe del Gobierno de Unidad Nacional libio designado por la ONU, Mohamad Fayez al Sarraj.
El cumplimiento de los compromisos asumidos se está llevando a cabo, hasta el momento, con efectividad. El gobierno italiano le ha entregado cuatro botes de patrulla a la guardia costera libia el pasado lunes y otros seis más le serían entregados en las próximas semanas. Lo percibido como un éxito en Europa posee una contracara que encubre la desoladora situación de Libia fronteras adentro. Los centros de acogida retienen a los migrantes en condiciones inhumanas y fuera de ellos, la industria del tráfico ilegal de personas crece, siendo el desgobierno del país un medio excelente para este negocio. Ante tal situación, es una cuestión de tiempo que aquellos detenidos allí busquen zarpar en el próximo barco.
http://www.reuters.com/article/us-europe-migrants-libya-idUSKCN18B2E5
http://internacional.elpais.com/internacional/2017/04/13/actualidad/1492099091_76703 5.html
VICTORIA NASURDI
Observatorio Región MENA