La negativa de Washington a involucrarse en las operaciones defensivas expone los límites del vínculo bilateral. Aunque Riad obtuvo en noviembre de 2025 la condición de aliado principal no NATO y un acuerdo estratégico para la compra de cazas F-35, el apoyo del gobierno de Donald Trump se limita al intercambio de inteligencia. Washington evita abrir un nuevo frente ante el desgaste de sus fuerzas militares en la región, la escasez de interceptores sofisticados y la proximidad de sus elecciones legislativas.
Aunque la administración republicana evalúa el uso de poder aéreo estadounidense para degradar las capacidades de la milicia yemení, los análisis militares advierten que los bombardeos por sí solos no resolverán la amenaza sin fuerzas locales cohesionadas en el terreno.
Esto deja al gobierno norteamericano en una posición donde cualquier acción militar directa corre el riesgo de arrastrar a sus fuerzas a un conflicto prolongado.
Además, la relación bilateral se ve atravesada por el debate parlamentario sobre el acuerdo de cooperación nuclear civil propuesto por la administración de Donald Trump. Varios senadores intentan bloquear el acuerdo e impedir que el tratado de treinta años entre en vigor tras el período de revisión de noventa días en el Congreso. Los legisladores argumentan que el proyecto carece de las salvaguardias necesarias para evitar que el reino enriquezca uranio en su propio territorio o desarrolle capacidad bélica. Asimismo mencionan que la venta de tecnología estadounidense se pueda realizar sin exigir las restricciones del estándar de no proliferación.