En la reunión celebrada el pasado viernes 15 de julio entre el presidente estadounidense Joe Biden y el príncipe saudí Mohamed Bin Salman, la cuestión energética se ubicó como una prioridad. El objetivo estadounidense era que la corona saudí y sus socios del Golfo aumenten su capacidad productiva, y de este modo hacer frente a una coyuntura de escasez energética en el marco de las sanciones a Rusia.
Frente a esto surge el interrogante acerca de cuál es el límite superior a largo plazo de los yacimientos petrolíferos del reino. La respuesta la podemos deducir del discurso de Mohamed Bin Salman, quien el pasado sábado afirmó que la capacidad máxima final es de 13 millones de barriles por día, luego de lo cual el reino no tendrá ninguna capacidad adicional para aumentar la producción.
A esto se sumaron los dichos del presidente francés que mantuvo una conversación con Mohamed Bin Zayed, quien le comunicó que los saudíes “pueden aumentar en 150 (mil barriles por día). Quizá un poco más, pero no tienen grandes capacidades”. Este anuncio encendió las alarmas de los socios occidentales que pretendían utilizar las capacidades saudíes como un as bajo la manga y poder hacer frente a un posible corte de suministro ruso.
Asimismo, una de las razones por las que Arabia Saudita está estableciendo un techo de producción más bajo puede estar relacionada con el cambio climático. Al no haber seguridad
2 sobre la demanda futura, Riad puede calcular innecesario gastar miles de millones de dólares en aumentar su capacidad.
La producción alcanzó brevemente los 12 millones de barriles por día en abril de 2020, antes de que el COVID-19 afectara la demanda y los precios. Pero durante la pandemia, Arabia Saudita redujo la perforación, y si aumenta rápidamente ahora corre el riesgo de sufrir daños a largo plazo. Por lo que cabe preguntarse, en caso de aumentar la producción ¿Hasta cuándo podría sostenerlo?
Palabras clave: petróleo – EE.UU. - Bin Salman