Tras la caída, la semana pasada, del último reducto que controlaba el Estado Islámico en la ciudad siria de Baguz, los involucrados en la guerra contra el terrorismo se atribuyeron la victoria total sobre el Estado Islámico. Pese a la desintegración territorial, el Califato aún continúa siendo una amenaza, con sus células durmientes distribuidas por el territorio que llegó a controlar en Siria e Irak.
Lejos de un nuevo comienzo, el post-Califato no es más que una situación de completo caos, en donde las condiciones de vida son extremas y los servicios básicos están apenas asegurados. La higiene brilla por su ausencia y decenas de niños se encuentran hospitalizados por desnutrición y enfermedades desde diciembre pasado.
El principal campo de desplazados, Al Hol, se ha convertido en un polvorín yihadista en el este de Siria. Controlado por los milicianos kurdos que combaten en el norte de Siria, se hacinan hasta 70.000 personas, de las cuales 25.000 representan las mujeres e hijos de los combatientes del EI. En los campos, además, se han producido enfrentamientos violentos entre algunos sus miembros, que han renunciado a continuar con su militancia y que solo quieren regresar a sus países, y aquellos que mantienen su radicalismo. 9 Por su parte, las Fuerzas Democráticas Sirias insisten en que no tienen capacidad para mantener a más de 75.000 internos en tres campos diferentes. Además, argumentan que tienen la responsabilidad de hacer frente a las necesidades urgentes de la población civil, como reparar las carreteras, atender a los heridos, ocuparse de las infraestructuras, todo ello mientras continúan los combates contra el Estado Islámico en algunos lugares aislados.
https://www.ambito.com/siria-el-dilema-la-guerra-que-hacer-los-yihadistas-refugiados- n5023875
https://elpais.com/politica/2019/04/01/actualidad/1554142300_784191.html