El viernes 1° de julio diversas manifestaciones se desarrollaron a lo largo de las principales ciudades libias. Las protestas se hicieron sentir particularmente en la capital Trípoli, donde se leyó un comunicado exigiendo la disolución del Gobierno y de las instituciones políticas - la Cámara de Representantes (en el este) y el Alto Consejo de Estado (en el oeste), en pugna por el poder en Libia- y el llamado a elecciones parlamentarias y presidenciales.
Según informaron las agencias de noticias, un grupo de manifestantes reunidos frente a la Cámara de Representantes (HoR, por sus siglas en inglés) de Tobruk, al este del país, donde reside el gobierno paralelo de Fathi Bashaga, irrumpió en el perímetro y provocó un incendio en parte de la sede. El parlamento se encontraba vacío dado que el viernes comienza el fin de semana. La HoR emitió un comunicado esa misma noche donde reconocía el derecho a manifestarse pacíficamente, pero condenó los “actos de vandalismo”. Por su parte, el primer ministro Abdul Hamid Dbeibah se solidarizó con el pedido de la sociedad y llamó a elecciones.
Estas protestas sociales, las mayores en los últimos años, se desarrollan en un nuevo contexto de competencia política entre los gobiernos rivales. El detonante fue el reciente fracaso de las conversaciones de El Cairo, auspiciadas por Naciones Unidas, donde enviados de ambos poderes legislativos debían acordar el borrador de un nuevo marco constitucional para Libia. El impasse político incide a su vez en la dimensión económica. Los recurrentes cortes de energía, que dejan sin electricidad a grandes sectores de la población, las dificultades originadas por el COVID-19 y los 4 cierres de las refinerías petroleras por parte de milicias agudizan la fuerte crisis económica en Libia.
Palabras clave: Tripoli – Tobruk – Libia – El Cairo