Con el objetivo de analizar el año que han atravesado palestinos e israelíes se tendrán en cuenta tres variables. En primer lugar, la situación interna israelí. En segundo lugar, las políticas llevadas a cabo al interior de Palestina. Por último, los diversos enfrentamientos que han tenido en vilo a la región y al mundo.
En cuanto a la primera variable, dos hechos pueden resumir lo que ha acontecido durante el año: la incertidumbre electoral y los casos de corrupción que aquejan a Netanyahu. En cuanto al primer punto, se han desarrollado dos procesos electorales, en abril y septiembre, que tuvieron como común denominador la parálisis gubernamental. Ninguno de los partidos mayoritarios (Likud y Azul y Blanco) ha podido formar un gobierno para Israel. Esto se debió a que no se ha logrado la unidad nacional y a que los aliados tradicionales no son suficientes para poder formar gobierno. Esta situación podría llevar a una inédita tercera elección en menos de un año a desarrollarse en 2020. En cuanto al segundo punto, Netanyahu fue finalmente procesado por tres casos de corrupción bajo los cargos de soborno, fraude y abuso de confianza. Aunque esta situación no le impide continuar siendo el primer ministro o participar en futuras elecciones hasta no tener sentencia firme, si deteriora la imagen del hasta ahora “gran líder” de Israel de los últimos 10 años.
Respecto a la segunda variable, la política interna de Palestina también estuvo marcada 8 por las elecciones que se celebrarán en febrero del próximo año, y como éstas afectaron la relación entre Hamas y Fatah en sintonía a la reconciliación palestina. Las cuestiones que marcaron los preparativos para las mencionadas elecciones fueron las condiciones impuestas a Hamas por parte de Fatah. En este sentido, Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina, buscaba que las elecciones se celebraran solo en Cisjordania, y así aumentar sus posibilidades de una victoria. Sin embargo, Hamas sorprendió con una actitud conciliadora, aceptando las condiciones impuestas y dispuestos a asumir ciertos riesgos para asegurar que las elecciones se extendieran a Gaza. Otro hecho que marcó el año de los palestinos, en especial el de los refugiados, fue la suspensión de donaciones a la UNRWA (agencia de la ONU para los refugiados palestinos), tras las investigaciones por irregularidades por parte de Pierre Krähenbühl, jefe de la agencia, que lo llevó a dimitir.
En lo que respecta al conflicto entre israelíes y palestinos, el año 2019, no estuvo exento de enfrentamientos. Estos se reflejaron en constantes ataques entre Israel y Hamas e Israel y la Yihad Islámica, un ejemplo de ello fue la reanudación de hostilidades en mayo y noviembre. La confrontación se vislumbró en intercambios de misiles, intentos de infiltración terrorista hacia territorio israelí y tensiones que se evidenciaron a partir de los discursos esgrimidos por funcionarios palestinos e israelíes. Si bien la posibilidad de un enfrentamiento a gran escala estuvo siempre latente, la escalada de tensiones no ha derivado en una guerra.
Finalmente, observamos que durante este año no se logró ningún avance significativo en torno a la consecución de la paz y la solución de este histórico conflicto. Además, las tentativas de resolución no hicieron más que profundizar la tensión, en esta lógica fue que se enmarcó el “Acuerdo del Siglo” de la administración Trump. IMANOL BIURRUN, LIC. FABIÁN DRISUN y NICOLE ROSENBERG