El pasado 8 de julio, la Federación Rusa vetó ante el Consejo de Seguridad de la ONU la propuesta de extender la ayuda humanitaria a Siria por un año. En consecuencia, la misma caducó el domingo 10 de julio. La resolución presentada fue redactada por Irlanda y Noruega, la cual obtuvo 13 votos afirmativos, exceptuando la abstención de China y el voto en contra de la administración de Vladimir Putin.
El mecanismo de asistencia humanitaria coordinado por la ONU se llevaba a cabo a través del único paso fronterizo abierto con Turquía, es decir, por Bab Al Hawa. Este suministro era de suma importancia, ya que abastecía con comida, medicamentos y una serie de productos básicos a más de 4 millones de personas. Por otro lado, es importante destacar que en esta región siria se encuentra el último bastión opositor al régimen de Bashar Al-Asad.
La posición de Moscú ha sido muy crítica con respecto a este sistema, al considerar que estas entregas de ayuda solo beneficiaban a grupos terroristas. Por consiguiente, Rusia siempre sostuvo que toda la asistencia debería canalizarse desde el interior de Siria, es decir, dependiendo del Ejecutivo de Al-Asad.
Por su parte, la Comisión de Investigación de Naciones Unidas sobre Siria expresó que este país se 4 encuentra en su peor crisis económica y humanitaria desde el inicio del conflicto. Al mismo tiempo, estimó que, pese a la calma en el plano militar, el número de personas que requieren asistencia humanitaria es actualmente el más alto desde que comenzó el conflicto, en parte por una fuerte sequía y por el impacto de la guerra en Ucrania.
Por último, la incertidumbre en este escenario crece, dejando la puerta abierta a que se desate una nueva ola migratoria hacia Turquía y Europa.