Tras el ataque aéreo del pasado domingo 24 de agosto, que dejó un saldo de al menos diez muertos y más de noventa heridos, Israel volvió a lanzar ofensivas sobre la capital yemení este jueves 28 de agosto. Según informó el ejército israelí, los bombardeos tuvieron como objetivo una instalación petrolera en Asar y la planta eléctrica de Hizaz, descrita por las autoridades israelíes como “una infraestructura clave para actividades militares”. Además, señalaron haber atacado un sitio militar donde se ubica el palacio presidencial.
En los últimos meses, Israel ha intensificado sus ataques contra posiciones hutíes, en respuesta a las acciones del grupo rebelde en apoyo a la causa palestina en Gaza. Los hutíes, aliados de Irán, han lanzado misiles y drones contra territorio israelí, así como contra buques comerciales occidentales en el Mar Rojo y el Golfo de Adén. Este nuevo ataque se produjo pocos días después de que los hutíes dispararan un misil que, según autoridades israelíes, contenía una bomba de racimo, destinada a detonar en múltiples explosivos al impactar.
Por su parte, el funcionario hutí Nasr al-Din Amer afirmó en la red social X que “lo que está sucediendo es que se están atacando objetivos civiles y a todo el pueblo yemení debido a su postura de apoyo hacia Gaza”. En la misma línea, el Ministerio de Salud Pública y Población de Yemen denunció que los ataques constituyen crímenes de guerra. Asimismo, imágenes difundidas de la gran explosión en la infraestructura petrolera generan preocupación por las consecuencias humanitarias y medioambientales de los ataques.
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