Desde hace años Yemen es uno de los países más pobres del mundo, situación que se profundizó agudamente en el conflicto iniciado en 2015, cuando la Coalición Internacional liderada por Arabia Saudita intervino.
En el país “un niño muere cada 10 minutos debido al conflicto, el 70% de las niñas se casan antes de los 18 años como estrategia de supervivencia, hay 8,3 millones de personas que no tienen ni idea cuando se despiertan por la mañana de donde vendrá su comida y uno de cada cuatro yemeníes está desnutrido", según relato la Coordinadora Humanitaria para Yemen, Lisa Grande.
Es en este contexto que Naciones Unidas (ONU) intenta coordinar una respuesta conjunta para hacer frente, sin demasiado éxito, a la crisis humanitaria, política, económica, social y sanitaria que afronta el país. Para ello, organizó un evento de alto nivel en donde se pretendió esclarecer y alertar sobre la delicada situación que afrontan los yemeníes. Asimismo, se buscó generar mayores flujos de apoyo internacional para mitigar los daños provocados por la crisis de la COVID- 19.
Allí, el Secretario General de ONU Antonio Guterres, indicó que si bien los casos reportados de COVID-19 superan los 2000, hay varios expertos pertenecientes a la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres que estiman que los casos de contagio rondarían el millón. Paralelamente,
alertó que, en un escenario de completa destrucción de los centros médicos, la mortalidad alcanzaría al 30%. Guterres se basó en los cálculos de la Universidad John Hopkins ya que los datos oficiales carecen de cualquier indicio de credibilidad.
Por último, instó nuevamente a todos los actores a que cooperen con el enviado especial de las Naciones Unidas a ese país y a que “se comprometan de buena fe y sin condiciones con los esfuerzos por llegar a un acuerdo sobre la Declaración Conjunta”.