Hacia finales de junio, estallaron violentas protestas antisirias en diversas ciudades de Turquía, tras las acusaciones contra un hombre de nacionalidad siria de abusar a una niña de siete años de edad. En ese momento, las autoridades turcas arrestaron a cientos de ciudadanos que vandalizaron propiedades sirias, al tiempo que se producían protestas en territorio sirio en solidaridad con sus compatriotas en Turquía.
Durante este período de disturbios y tensiones, alimentados por un creciente sentimiento antisirio en algunas partes de Turquía, así como por el temor de la oposición siria al gobierno del presidente sirio Bashar al-Assad, se observó un acercamiento entre estos dos Estados, tendiente a normalizar sus relaciones bilaterales.
El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, ha sido un ferviente partidario de la oposición siria y rompió lazos con el gobierno de al-Assad desde que comenzó la crisis interna en Siria. Este país se convirtió en un salvavidas para la población siria, proporcionando una base para figuras militares y políticas, y albergando a 3,6 millones de refugiados sirios registrados.
Sin embargo, en los últimos años, Erdogan ha mencionado la posibilidad de un acercamiento con el gobierno sirio en numerosas ocasiones. El 7 de julio, afirmó que invitaría a al-Assad a dialogar, reiterando el llamamiento una semana después. El ministro de Asuntos Exteriores iraquí mencionó que la posible reunión, apoyada también por Moscú, podría celebrarse en Bagdad. Ankara no está satisfecha con la situación de seguridad en Siria y siente que Estados Unidos no está aportando una solución. Por ello, con el gobierno de al-Assad consolidándose y normalizando sus relaciones con los estados árabes, muchos en Turquía consideran que es necesario un acuerdo con el gobierno sirio.
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