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Qatar: una escala decisiva en la gira de Trump por Medio Oriente

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Fotografía · IREMAI Derechos reservados
19 de mayo de 2025 4 min Medio Oriente 774 palabras
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El pasado 14 de mayo, Donald Trump visitó Doha en el marco de la gira internacional en Medio Oriente que llevó a cabo entre los días 13 y 16 del corriente mes. Se trató de la segunda visita de Estado realizada por un presidente estadounidense en Qatar, la cual tuvo lugar tras su paso por Riad y previo a dirigirse hacia Abu Dabi.

Fiel a la doctrina American First, el mandatario republicano volvió a privilegiar los acuerdos de carácter económico-comercial por encima de cualquier otra temática. En línea con ese enfoque, su estadía en el emirato estuvo atravesada por la firma de compromisos por un valor de 1.2 billones de dólares, lo que representa el mayor paquete de acuerdos económicos por una administración estadounidense con el pequeño Estado del Golfo. Entre ellos se destacan contratos en materia de defensa y tecnología, así como la adquisición de más de 200 aeronaves Boeing por parte de Qatar Airways, en una clara señal de fortalecimiento de los vínculos comerciales.

Esta operación, además, se enmarca en la Visión Nacional 2030, con la que Qatar busca diversificar su economía y reducir su histórica dependencia de los hidrocarburos, en particular del gas natural. En ese sentido, la envergadura del acuerdo firmado con Boeing la apuesta estratégica del emirato por consolidar a Doha como un nodo de conectividad internacional, en un escenario de fuerte rivalidades en lo que refiere a la industria aeronáutica.

Más allá de la magnitud de los anuncios, la visita también tuvo una dimensión estratégica central. Resulta necesario destacar que los Estados Unidos mantienen en territorio qatarí la base aérea de Al-Udeid, la mayor instalación militar estadounidense en la región. En este marco, Doha no sólo representa un aliado militar clave, sino que también un socio geopolítico capaz de contribuir activamente a la estabilidad de Medio Oriente. Como parte de los compromisos asumidos, se anunció que Qatar invertirá 10.000 millones de dólares en los próximos años para modernizar esa base -cuyo alcance operativo se extiende desde el norte de África, cruzando por todo Medio Oriente hasta Asia Central-, apenas un día después de que suscribieran acuerdos de defensa por un total de 42.000 millones de dólares.

A nivel diplomático, Trump solicitó públicamente al emir Tamim bin Hamad Al Thani que Qatar colabore en la facilitación del diálogo con Teherán, con el objetivo de persuadir al liderazgo Talibán de abandonar su programa nuclear. Sin duda, esta petición no resulta azarosa; por el contrario, constituye un reconocimiento explícito del rol que Doha ha venido desempeñando como mediador regional, particularmente en escenarios de alta sensibilidad política. Su capacidad para mantener vínculos estrechos tanto con Washington como con actores -estatales y no estatales- considerados problemáticos por Occidente le ha permitido consolidar un perfil de “actor puente”, clave en un momento de renovadas tensiones en la región.

En el caso particular de la República Islámica, es evidente que Qatar constituye “la pieza clave” para facilitar el dialogo: ambos países mantienen vínculos cordiales sustentados en la explotación

PA

conjunta del yacimiento gasífero North Field/South Pars, así como en el acercamiento bilateral propiciado durante el bloqueo impuesto a Doha por parte de Arabia Saudita, Bahréin y Emiratos Árabes Unidos en 2017.

En un gesto cargado de simbolismo diplomático, la familia real qatarí manifestó la intención de donar un lujoso Boeing 747 -valorado aproximadamente en 400 millones de dólares- al Departamento de Defensa de los Estados Unidos, con el objetivo de que forme parte de la flota presidencial conocida como Air Force One. Como era de esperar, el ofrecimiento qatarí ha provocado una fuerte polémica en el escenario político estadounidense. Las críticas del Partido Demócrata se centraron en la legalidad, ética e implicancias políticas que conllevaría aceptar un obsequio de tal magnitud por parte de un gobierno extranjero. No obstante, las tensiones también se suscitaron dentro del propio Partido Republicano. Por su parte, Trump salió al cruce de las críticas y defendió públicamente la legalidad del ofrecimiento a través de su cuenta oficial de la red social X alegando que “solo un estúpido no aceptaría este regalo en nombre de nuestro país”.

En conclusión, la escala de Trump en Doha no solo ha marcado un hito histórico en la relación bilateral, teniendo en cuenta el impasse que marcó su primer mandato al apoyar públicamente el bloqueo efectuado a Qatar por parte de tres miembros del Consejo de Cooperación del Golfo. En virtud de lo expuesto, Qatar se perfila como un socio preferencial dentro de la estrategia estadounidense en la región, consolidando su imagen de actor protagónico en este “Nuevo Medio Oriente” en configuración.

Palabras clave: Trump – EEUU – Qatar - acuerdo

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