IREMAI· GEMO
REPORTE
FRAME 01/14 · 19 de mayo de 2025

¿Qué explica la omisión de Israel en la gira de Trump a Medio Oriente? Una mirada desde las teorías de las relaciones internacionales

Leer la pieza
Fotografía · IREMAI Derechos reservados
19 de mayo de 2025 4 min Medio Oriente 787 palabras
REPORTE · OBSERVATORIO

La visita oficial del mandatario estadounidense, Donald Trump, a Medio Oriente está generando muchas incertidumbres con respecto a una omisión en la gira: Israel. ¿Acaso esto generará, como dicen muchos medios tradicionales, rispideces entre dos aliados históricos? ¿Realmente Trump dejó “en un segundo plano a Israel”?

Para explicar esta decisión, por parte de la administración Trump, decidí basarme en los postulados de la teoría del realismo ofensivo; principalmente en la obra The Tragedy of Great Power Politics, de John Mearsheimer.

La política exterior de los Estados no responde exclusivamente a valores, alianzas históricas o compromisos éticos. Desde la perspectiva del realismo ofensivo, las decisiones estratégicas responden a la maximización del poder relativo, o sea a las ganancias relativas, en un sistema internacional anárquico. En este marco, la decisión del presidente Donald Trump de no incluir a Israel en su última gira por Medio Oriente puede comprenderse como una acción racional orientada a consolidar la hegemonía regional de Estados Unidos, en lugar de una omisión simbólica.

Esta teoría parte de una premisa fundamental, en un sistema internacional sin autoridad central, los Estados no pueden confiar plenamente en las intenciones de los demás, por lo que intentan maximizar su poder como forma de asegurar su supervivencia. En este contexto, la omisión de Israel no representa una ruptura con un aliado tradicional, sino un cálculo estratégico que implica reforzar vínculos con actores árabes clave como Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Qatar (actores importantes tanto energética, como geoestratégicamente hablando) y contener la influencia regional de Irán y aquella que ejercen actores extrarregionales, como Rusia y China.

Durante la visita del mandatario norteamericano, la Casa Blanca estimó que los acuerdos de inversión alcanzados con Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Qatar se elevaron hasta $2 billones de dólares, incluyendo un acuerdo de $142 mil millones de dólares en ventas de armas con Arabia Saudita; más de 200 mil millones de dólares en nuevos acuerdos (sumado a los compromisos de marzo de este año por 1,4 billones de dólares en sectores como la energía, la inteligencia artificial y la industria manufacturera) que incluyen un compromiso de 145 mil millones de dólares de Etihad Airways para aviones Boeing y un paquete de 60 mil millones de dólares en el sector hidrocarburífero con ExxonMobil y socios y por último, acuerdos con Qatar por aproximadamente 1,2 billones de dólares, dentro de los que se destacan la compra con valor de 96.000 millones de dólares de aviones de fuselaje ancho y la adquisición de 30 proyectos para la empresa Parsons en ingeniería de infraestructura, inteligencia y defensa centrada en la tecnología, etc.

En sintonía con lo anterior, las alianzas no son fines en sí mismos, sino instrumentos tácticos que los Estados utilizan en función de su conveniencia. Los Estados forman alianzas para enfrentar amenazas, pero esas alianzas son frágiles porque los intereses estratégicos cambian con el tiempo. La omisión de Israel puede entenderse entonces como un acto de pragmatismo ofensivo, debido a que es más redituable mantener la estabilidad de las negociaciones con los países del Golfo (muchos de los cuales mantienen vínculos sensibles con el Estado de Israel) a una visita simbólica a un socio ya alineado.

PA

Finalmente, Mearsheimer sostiene que las grandes potencias buscan alcanzar la hegemonía regional, ya que esto les permite garantizar su seguridad a largo plazo en un entorno competitivo. En ese sentido, Trump actuó conforme a una lógica de poder, lo que llevó a levantar las sanciones sobre Siria y atraerlo a su esfera de influencia Occidental. Israel representa un aliado seguro pese a las últimas acciones externas como las negociaciones con los Houtís en Yemen, las negociaciones secretas con Irań a través de Omán por el proyecto nuclear o con Hamas en Qatar para lograr la liberación del soldado americano. En cambio, los Estados del Golfo ofrecen oportunidades de expansión de la influencia estadounidense en un tablero donde también compiten actores como China, Rusia y hasta un Irán debilitado por los acontecimientos del año pasado.

En conclusión, desde el realismo ofensivo, la gira a Medio Oriente de la administración Trump refleja un intento deliberado de reconfigurar alianzas y maximizar la influencia en una región convulsa. En mi opinión, la no visita a Israel debe leerse como una expresión coherente de una estrategia internacional que privilegia el poder por sobre las lealtades, lo cual no implica un quiebre o un desgaste en dicha relación. Estados Unidos e Israel mantienen un vínculo bilateral de larga data, asentado fundamentalmente en la cooperación militar, trabajos de inteligencia conjuntos, lazos comerciales, respaldo político en instituciones internacionales, etc. lo cual hace difícil pensar que este “giro hacia el golfo” realmente desgaste de manera significativa dicho vínculo.

Fuentes

samuelbhfaure.com wsj.com reuters.com apnews.com reuters.com whitehouse.gov

#Medio Oriente