IREMAI· GEMO
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FRAME 01/14 · 19 de mayo de 2025

¿Qué lugar ocupa Siria en la agenda de la administración Trump 2.0?

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Fotografía · IREMAI Derechos reservados
19 de mayo de 2025 5 min Medio Oriente 987 palabras
REPORTE · OBSERVATORIO

La reciente gira de Donald Trump por los países del Golfo mostró a un mandatario con un marcado perfil económico y empresarial, que prometió inversiones multimillonarias, pero también dispuesto a abordar los conflictos abiertos que obstaculizan la tan anhelada —y necesaria— estabilidad en Medio Oriente. El optimismo respecto a las negociaciones sobre el programa nuclear con Irán, la atención prestada a la crisis humanitaria en la Franja de Gaza y el anuncio del levantamiento de las históricas sanciones económicas a Siria reflejan un giro significativo en su política exterior, con una nueva jerarquía de prioridades para Estados Unidos en la región.

Centrando la atención en Siria, en su discurso pronunciado en Arabia Saudita, Trump anunció el levantamiento de las sanciones económicas impuestas a este país, con el objetivo de “darles una oportunidad de grandeza”. La declaración, recibida con aplausos y una ovación de pie, marcó un giro significativo en la postura estadounidense y evidenció la velocidad con la que se está reconfigurando el escenario regional. Desde Damasco, el ministro de Asuntos Exteriores Assad al- Shibani, celebró el anuncio y afirmó que estas medidas le permitirán al país avanzar hacia un futuro de estabilidad, autosuficiencia y reconstrucción genuina, después de sufrir las consecuencias de años de guerra dentro del territorio sirio.

De concretarse plenamente, esta medida pondría fin a más de cuatro décadas de aislamiento económico, iniciado en 1979 cuando Washington incluyó a Siria en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo bajo el régimen de Hafez al-Assad. Aunque en los años 1980 y 1990 existieron algunos vínculos comerciales con Occidente, Siria permaneció mayormente excluida de los mercados estadounidenses. La situación se agravó a partir de 2003, cuando el Congreso aprobó la Ley de Responsabilidad Siria y, un año más tarde, el presidente George W. Bush impuso sanciones más severas: se restringieron casi por completo las exportaciones (exceptuando alimentos y medicamentos básicos) y se prohibieron operaciones con el Banco Comercial de Siria. Las sanciones se intensificaron aún más tras la represión de Bashar al-Assad contra los manifestantes en 2011, afectando a empresarios, bancos y al propio gobierno. Como resultado, el comercio bilateral con Estados Unidos, que rondaba los 900 millones de dólares en 2010, se desplomó a menos de 60 millones en 2012.

Pero ¿cuál ha sido la política estadounidense con respecto a Siria durante la era Trump?

Durante su primer mandato, Trump adoptó un enfoque mesurado hacia Siria, llevando a cabo una política de intervenciones selectivas. Evitó involucrarse profundamente en el conflicto interno del país mientras mantenía tropas para apoyar a las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) en la lucha contra el Estado Islámico (EI). En 2017, ordenó un ataque con misiles contra la base aérea de Al-Shayrat en respuesta al uso de armas químicas por parte del régimen de al-Assad, buscando restaurar la credibilidad estadounidense sin comprometerse con una intervención más amplia.

Hacia 2019, a pesar de los anuncios de retirada progresiva de las tropas estadounidenses en Medio Oriente, Trump revirtió la mayoría de los planes en Siria, y mantuvo unos 2.000 soldados para apoyar a las FDS. Sin embargo, la retirada parcial de octubre de ese año fue ampliamente interpretada como una traición a los aliados kurdos, que habían desempeñado un rol crucial en la derrota del EI. En

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paralelo, aunque buscó limitar la influencia rusa, Trump evitó confrontaciones directas, manteniendo mecanismos de comunicación con Moscú para prevenir incidentes militares en Siria, como el memorando de 2015 y la notificación previa a Rusia antes del ataque de 2017.

En el plano económico, su administración endureció las sanciones contra el régimen de Bashar al- Assad mediante la Ley César de 2019, diseñada para debilitar económicamente al gobierno sirio y a sus aliados, en particular Irán, como forma de presionar ante las violaciones a los derechos humanos.

Ahora bien, durante los primeros meses de su segundo mandato, la política de Washington hacia Siria se mantuvo en un plano secundario frente a otras prioridades regionales más urgentes, como las ambiciones nucleares de Irán y las tensiones en Gaza. Aunque había reafirmado su prioridad en derrotar al EI, no precisó el estatus de las tropas estadounidenses en Siria ni delineó una estrategia clara para el país.

No obstante, el escenario sirio cambió significativamente con la caída del régimen de al-Assad en diciembre de 2024 y el ascenso al poder de Ahmad al-Sharaa, un excomandante de Hayat Tahrir alSham con antecedentes islamistas. Esta transición generó escepticismo en Washington, que observaba con cautela a un país en reconstrucción y gobernado bajo una constitución provisional con elementos del derecho islámico. A

nte este nuevo panorama, la administración Trump evitó un acercamiento directo con Damasco y delegó los primeros contactos a aliados regionales como Turquía y las monarquías del Golfo, que comenzaron a desempeñar un rol más activo en la mediación con el nuevo régimen sirio. En paralelo, el gobierno de al-Sharaa lanzó una intensa campaña de lobby para lograr el levantamiento de las sanciones económicas internacionales, en un contexto marcado por trece años de guerra civil, pobreza extrema y ataques aéreos israelíes recurrentes.

El anuncio de Trump representa, en este contexto, una herramienta estratégica clave para impulsar la estabilidad y reconstrucción del país. El propio presidente estadounidense reconoció que la presión del príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman y del presidente turco Recep Tayyip Erdogan fue determinante en su decisión.

El eventual levantamiento total de las sanciones estadounidenses no solo supondría una victoria simbólica para el nuevo gobierno sirio, sino que podría allanar el camino para una reconstrucción histórica del país y contribuir a la consolidación de una paz duradera en el Levante. En este nuevo escenario, Turquía, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Qatar podrían ampliar significativamente su influencia política y económica en Siria. A su vez, la reconstrucción podría generar nuevas oportunidades para empresas europeas y estadounidenses interesadas en participar en el proceso posbélico.

Palabras clave: Siria - sanciones económicas - estabilidad regional - Trump

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Fuentes

ispionline.it middleeasteye.net a7b4e4.emailsp.com

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