Si hay relaciones estratégicas en la región del Medio Oriente es la de Israel y Egipto. Este último país fue el primero en romper con los 3 “no” de Jartum (no a la paz con Israel, no al reconocimiento y no a las negociaciones) y es un estabilizador permanente en las relaciones entre israelíes y palestinos.
Durante más de 10 años no hubo viajes presidenciales entre los países. El pasado lunes 13 de septiembre esa racha se rompió. El Primer Ministro israelí, Naftali Bennet, viajó de manera sorpresiva al país de las pirámides. El último encuentro había sido entre Hosni Mubarak, ya fallecido, y el ex Primer Ministro y actual líder de la oposición, Benjamín Netanyahu.
El viaje fue anunciado cuando ya estaba en proceso por cuestiones de seguridad. Los temas fueron amplios y fueron desde las relaciones bilaterales hasta la cuestión palestina. Este último punto estuvo enfocado en un cese al fuego permanente en la Franja de Gaza, objetivo que en los últimos días se ha puesto en discusión, y el relanzamiento de las negociaciones de paz con la Autoridad Nacional Palestina.
Previo al viaje, el ministro de Asuntos Exteriores israelí, Yair Lapid, presentó oportunamente un plan que ofrece “economía a cambio de seguridad”. Es decir, obras, como el sistema eléctrico en el enclave, a cambio de mayor estabilidad en la frontera. El Estado judío no está interesado en un nuevo conflicto armado. En más, en las últimas semanas el bloque ha sido reducido. Ha concedido 7.000 permisos de entrada para trabajar en Israel y ha ampliado hasta las 15 millas náuticas de la
2 costa (27 kilómetros) la zona de pesca.
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