Ahmad al-Sharaa, el presidente interino de Siria, anunció el pasado sábado 19 de julio un alto el fuego en la provincia de Sweida, después de varios días de enfrentamiento entre fuerzas del gobierno, apoyadas por combatientes beduinos, y facciones drusas, apoyadas por el ejército israelí. El mandatario instó a todas las partes a respetar plenamente la tregua, luego de que el Observatorio Sirio de Derechos Humanos señalara que 940 personas murieron por la espiral de violencia en la zona.
Los combates se produjeron en la provincia siria de Sweida, una región de mayoría drusa al sur del país, cercana a los Altos del Golán —ocupados y anexionados por Israel—. La violencia no solo puso en peligro la frágil transición post bélica de Siria, sino que también dejó un panorama desolador: cientos de personas han perdido la vida, decenas de miles han huido y el único hospital en funcionamiento en Sweida se enfrenta a escenas desgarradoras.
El enviado especial estadounidense para Siria, Tom Barrack, fue el encargado de llevar a cabo la mediación entre el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el presidente sirio, Ahmad al- Sharaa. Como resultado de este proceso, Damasco anunció el regreso de sus tropas a Sweida con el objetivo de proteger a los civiles y restaurar el orden.
Sin embargo, es importante destacar que no todos los miembros de la comunidad drusa estuvieron dispuestos a aceptar la resolución de la mediación. El influyente líder espiritual druso, el jeque Hikmat al-Hijri, se opuso al acuerdo que contempló el desarme de las facciones drusas a cambio de integrar a sus combatientes en las fuerzas nacionales.
A pesar de los reiterados llamados de al-Sharaa a la unidad y la convivencia, persiste una profunda desconfianza entre las minorías —alauita, cristiana, drusa y kurda—, alimentada por las masacres ocurridas tras la caída de Bashar al-Assad, en las que participaron fuerzas vinculadas a su antiguo régimen.
Palabras clave: alto al fuego - Sweida - Siria