Desde el 22 hasta el 30 de junio del corriente año, se llevó a cabo la cuarta Conferencia de Bruselas, co-presidida por la Unión Europea y Naciones Unidas, denominada “Apoyando el futuro de Siria y la región”. Más de 80 Estados, organizaciones internacionales y diferentes agencias de Estados Unidos y la Unión Europea formaron parte de dicha reunión donde se logró movilizar ayuda para los sirios que se encuentren dentro del territorio y también en países vecinos, a través de promesas por un total de U$D 5,5 mil millones para el 2020.
No obstante, la reacción del régimen de Bashar Al Assad frente a la posible ayuda fue tachar a la conferencia como una “injerencia flagrante” a sus asuntos internos, a partir de un comunicado oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores y Expatriados lanzado el pasado miércoles.
En dicho comunicado, se acusó a Estados Unidos y a la Unión Europea por las políticas hostiles que mantienen para con el país árabe y se planteó que "la única ayuda que esos regímenes pueden dar a Siria es dejar de apoyar el terrorismo". Asimismo, se los responsabilizó de robar riquezas petroleras, el trigo y las fábricas de Siria, así como de impedir el proceso de reconstrucción al imponer sanciones económicas sucesivas; alegando que es imposible que ahora se preocupen por el bienestar de la población siria.
3 Al mismo tiempo se señaló que el "futuro de Siria" pertenece "exclusivamente a los sirios" y que la responsabilidad por los crímenes cometidos dentro del territorio, no pueden ocultarse detrás de una falsa máscara humanitaria. Lo cierto que es, al día de hoy, más del 83% de los sirios viven bajo el umbral de pobreza tras nueve años de conflicto, y se necesitará toda la ayuda humanitaria que se les sea ofrecida a fin de restaurar el país.