La disputa por los Altos del Golán volvió a ocupar un lugar central en la agenda internacional. El presidente sirio, Ahmed al-Sharaa, reclamó ante la Asamblea General de Naciones Unidas el retiro de las fuerzas israelíes y el restablecimiento de las líneas vigentes antes de la caída de Bashar al-Assad, en diciembre de 2024. El planteo expone una de las cuestiones territoriales que continúan condicionando la transición política siria y sus relaciones con Israel.
“Los Altos del Golán seguirán siendo territorio sirio”, afirmó Al-Sharaa durante su intervención, en la que rechazó los intentos de Israel de “imponer un hecho consumado”. El mandatario sostuvo además que cualquier vulneración de la soberanía siria deberá ser enfrentada conforme al derecho internacional. Asimismo, reclamó el cumplimiento de la Resolución 497 del Consejo de Seguridad.
El conflicto tiene una dimensión territorial y jurídica que precede a la actual transición. Israel ocupó la mayor parte de los Altos del Golán durante la Guerra de los Seis Días, en 1967, y en 1981 declaró unilateralmente su anexión. La Resolución 497 del Consejo de Seguridad estableció que esa decisión carece de validez jurídica internacional.
La cuestión adquirió una nueva dimensión tras el reconocimiento estadounidense de la soberanía israelí sobre el Golán en 2019. Al-Sharaa sostuvo que la soberanía sobre el territorio constituye una cuestión no negociable, afirmando “Trump no es dueño de los Altos del Golán”.
Damasco sostiene, además, su compromiso con el acuerdo de separación de fuerzas de 1974, que estableció una zona desmilitarizada y un mecanismo de mantenimiento de la paz entre Siria e Israel. Israel, por su parte, ha presentado su presencia militar en sectores del sur sirio como una medida defensiva destinada a prevenir posibles ataques.
El discurso de Al-Sharaa combina así una reivindicación histórica con una disputa inmediata sobre seguridad y soberanía. El Golán y la presencia militar israelí en el sur mantienen abierto uno de los principales focos de tensión en la etapa posterior a Assad. Mientras la nueva dirigencia siria busca consolidar su reconocimiento y reinserción internacional.
La cuestión territorial permanece, de este modo, como un obstáculo relevante para cualquier intento de establecer una relación estable entre Damasco y Tel Aviv.