Continúan las tensiones entre Marruecos y Sáhara Occidental, la región rica en fosfatos y con acceso directo al Océano Atlántico, que representa el hogar de unos 200.000 saharauis, quienes han estado buscando su independencia desde que España se retiró del territorio, en 1975. Actualmente, esta región del Sahara Occidental, es considerada por Naciones Unidas como un territorio no autónomo pendiente de descolonización.
Las tensiones aumentaron recientemente durante la sesión preparatoria de la reunión de ministros de la Conferencia Internacional de Tokio sobre el Desarrollo de África (TICAD), cuando un miembro de la delegación marroquí intentó atacar físicamente a Lamine Baali, embajador de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). La agresión fue detenida por un funcionario de Argelia -que se convirtió en un héroe en su país-, y el delegado marroquí fue expulsado de la sala. Tras el incidente, la sesión fue suspendida.
La TICAD es celebrada desde 1993 por el gobierno nipón con el objetivo de promover el desarrollo, la paz y la seguridad de África, a través del fortalecimiento de las relaciones de cooperación y asociación multilaterales.
La delegación marroquí no dudó en mostrar su resentimiento por lo sucedido, sobre todo tras sus éxitos diplomáticos con España y Francia; el objetivo era la exclusión de la representación de la República Saharaui de la Conferencia.