El pasado jueves 15 de mayo, el presidente norteamericano Donald Trump arribó a la capital emiratí, en la última parada de su gira por Medio Oriente, que incluyó también a Arabia Saudí y Qatar. Durante la misma, se firmaron una serie de acuerdos lucrativos comerciales, tecnológicos y militares.
En los tres países se desplegaron protocolos ceremoniales de Estado cuidadosamente organizados, que incluyeron una serie de homenajes sin precedentes. Particularmente en Abu Dabi, Trump fue escoltado por una guardia de honor militar que lo esperaba en el aeropuerto presidencial. Luego, fue recibido por una gran ceremonia en el Palacio Al Watan.
Después del saludo oficial al jeque Mohammed bin Zayed Al Nahyan y a otros funcionarios emiratíes, juntos se dirigieron a la Gran Mezquita Sheikh Zayed, un importante monumento religioso. Trump calificó su visita presidencial como un “gran homenaje”, debido a que fue la primera vez en la historia que cerraron el lugar, con motivo de su llegada. Además, el Burj Khalifa –el rascacielos más alto del mundo- se iluminó con la bandera de los EEUU. Este recibimiento ceremonial da cuenta de la importancia del vínculo con Washington para los emiratíes.
Respecto al acuerdo firmado entre ambos países, el foco estuvo puesto en futuros proyectos de inversión y en cooperación energética, tecnológica y espacial. Trump afirmó que los Emiratos Árabes Unidos (EAU) invertirán 1,4 billones de dólares en el sector de inteligencia artificial (IA) de EEUU durante la próxima década. Esta cifra representa más del 200% del PIB anual de los EAU. Se espera que el país del Golfo construya centros de datos vitales para el desarrollo de modelos de inteligencia artificial. Según un comunicado de la Casa Blanca, dicho acuerdo “incluye el compromiso de los EAU de invertir, construir o financiar centros de datos estadounidenses que sean al menos tan grandes y potentes como los de EAU”.
Desde el New York Times se informó que Nvidia –una gran empresa norteamericana- vendería anualmente miles de los chips más avanzados al país emiratí, mientras construye los centros de datos. Según el informe, la mayor parte de los chips se destinarían a proveedores estadounidenses de servicios en la nube, y unos 100.000 a G42 –el grupo tecnológico estatal de EAU-.
El fabricante de chips norteamericano Qualcomm también dio a conocer sus planes para ayudar a desarrollar un nuevo centro de ingeniería global en Abu Dabi. Para ello, la administración Trump deberá permitir a EAU la importación de casi un millón de semiconductores avanzados, fabricados por empresas estadounidenses.
Por su parte, el jeque emiratí anunció que las inversiones se concentrarán también en los sectores de la nueva economía y la energía. La aerolínea emiratí Etihad Airways se comprometió a comprar aviones Boeing 787 y 777x con motores General Electric por alrededor de 15.000 millones de dólares. Por medio de otro acuerdo, valorado en 60.000 millones de dólares, empresas como ExxonMobile, Occidental Petroleum y EOG Resources anunciaron su colaboración con la Compañía Nacional de Petróleo de Abu Dabi para ampliar la producción de gas natural y de petróleo.
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Otra de las firmas protagonistas fue Emirates Global Aluminium, con la cual se anunció un ambicioso proyecto de 4.000 millones de dólares para la apertura de la primera fundición de aluminio en EEUU desde 1980. Trump se mostró particularmente atraído por esta inversión, y además aprovechó para exaltar los beneficios de su política arancelaria. “Este es un proyecto grande y muy especial”, afirmó. Por su parte, bin Zayed destacó la estrecha colaboración con Washington en el ámbito espacial. Dijo que “EEUU es un socio estratégico de Emiratos en el proyecto de la exploración de Marte, el programa de astronautas y el proyecto de la exploración del cinturón de asteroides”.
Esta amplia agenda bilateral ha tomado un nuevo impulso desde la llegada de la administración Trump a la Casa Blanca. Así lo demostraron ambos mandatarios en sus discursos. Trump elogió la profundización de los lazos con el país emiratí, afirmando que el vínculo se fortalecerá cada vez más. Por su parte, el jeque bin Zayed dijo que su país seguía “comprometido a trabajar con los EEUU para promover la paz y la estabilidad en la región y a nivel mundial”.
En el ámbito de la IA, cabe destacar que el gobierno de Biden había restringido severamente la compra de chips por parte de los Estados del Golfo. Días atrás de la visita de Trump a Abu Dabi, el Departamento de Comercio declaró que la "Regla de Difusión de IA", vigente durante la anterior administración, que restringía las importaciones de chips, sería revocada. Asimismo, anunció el establecimiento de una "Asociación de Aceleración de IA entre EEUU y los EAU", a fin de instaurar un marco de protección para la tecnología estadounidense.
Ahora bien, más allá de los avances en materia económica-comercial, la gira de Trump no estuvo exenta de sus declaraciones sobre las numerosas crisis que enfrenta la región. Tres son los temas que el mandatario norteamericano tocó en sus discursos: el prolongado conflicto en Gaza, el nuevo gobierno en Siria y el programa nuclear iraní. Respecto a Gaza, reiteró su voluntad de tomar el control del territorio palestino para convertirlo en una “zona de libertad”. En su paso por Riad, Trump sorprendió a las autoridades con el anuncio de que levantaría las sanciones económicas contra Siria. Además, dijo que se reuniría con su homólogo sirio Ahmed al Sharaa, exyihadista que derrocó a Bashar al-Asad. Por último, en Doha, notificó que Washington y Teherán están cerca de alcanzar un nuevo acuerdo nuclear.
A modo de conclusión, cabe destacar el cambio en la diplomacia norteamericana respecto a Medio Oriente. Se puede afirmar, por un lado, que prevalece la incertidumbre respecto al devenir de algunos acontecimientos; por ejemplo, si Trump continuará con su política de máxima presión sobre Irán o accederá a quitar sanciones como en el caso sirio. Sin embargo, por otro lado, el líder republicano se ha mostrado dispuesto a reafirmar el vínculo con algunos Estados de la región. Incluso parece haber comprendido que la tradicional diplomacia destinada a modificar regímenes o a proteger los derechos humanos ya no es prioritaria en la estrategia norteamericana. De hecho, puede que haya llegado a su fin.