El 11 de septiembre, luego de destituir al Primer Ministro, suspender al Parlamento y levantar las inmunidades de los diputados respaldándose en el artículo 80, el presidente Saied comunicó sus intenciones de reformar la Constitución. Esta fue promulgada en 2014 y simboliza el triunfo de la Primavera Árabe en Túnez.
Saied declaró su respeto por la Constitución pero no la considera eterna y, según él, el pueblo tampoco se encuentra conforme con ella, por lo tanto debe ser enmendada por medio de un referéndum, como detalla el artículo 144. Asimismo, el presidente prometió que en breve formaría un gobierno con personas íntegras, pero no ha establecido un plazo ni una hoja de ruta que fije cómo será el futuro del país.
Desde el ámbito internacional, el Alto Representante para la Política Exterior de la UE, Borrell, declaró sus temores con respecto a la situación que atraviesa la democracia en Túnez, y que sostendrán al país en cuanto sepan cuáles serán las siguientes decisiones. Humans Right Watch expuso que desde que Saied asumió los plenos poderes, la represión policial y la violación a las libertades han escalado. Al interior del país, el sindicato UGTT aconsejó que antes de tomar medidas apresuradas, lo ideal sería llamar a elecciones legislativas que renueven el Parlamento. A pesar de todas las críticas, el presidente aun cuenta con el apoyo de los jóvenes, que se encuentran desencantados con la clase dirigente.
En paralelo a la situación política, la economía sigue en estado crítico. El descontento de los
7 jóvenes por la falta de oportunidades se expresa los numerosos emigrantes que se dirigen hacia Italia, y por la inmolación de un joven el 11 de septiembre, imitando el accionar de Mohamed Bouazizi en 2011, que fue el detonante de la Primavera Árabe.