Otro titular sobre refugiados y migrantes desaparecidos en las costas tunecinas se suma al largo historial de noticias. El sábado 18 de mayo se notificó que 23 personas han desaparecido en un intento de cruzar las costas desde Korba, Túnez, hacia Europa. La Guardia Nacional indicó que el cruce correspondía a una operación de navegación no autorizada y detuvo a cinco sospechosos de su organización. Además, se están realizando operaciones de búsqueda y rescate.
La cuestión migratoria es parte de la agenda actual de Túnez y de la Unión Europea (UE), principalmente de Italia. Poco antes de este naufragio, Kais Saied y Giorgia Meloni -primera ministra de Italia-, cerraron acuerdos en los que se promete a los Estados africanos ayuda energética y económica a cambio de que se impida la migración irregular.
Sin embargo, la hostilidad hacia los refugiados es un problema de larga data, y la ayuda económica que el país recibe de la UE no ha mejorado su economía desde la revolución de 2011. No sólo son refugiados subsaharianos los que intentan cruzar hacia el continente europeo, sino también tunecinos que aún no logran insertarse en el sistema y que ahora compiten con refugiados por bienes y trabajos escasos.
A la lucha por empleos y recursos entre los nativos y extranjeros se le suma la posición xenófoba y conspirativa de Saied hacia los mismos. Se han realizado allanamientos en los campamentos temporales, desplazamientos de refugiados hacia las fronteras, y ataques por parte de servicios de seguridad y residentes. Túnez se convierte en un lugar intermedio hostil para aquellos refugiados y migrantes que quedan atrapados entre su lugar de origen, al cual no quieren volver, y el lugar de destino, donde no les permiten ingresar.