Cuando Arabia Saudí, Türkiye y Pakistán firmaron su acuerdo conjunto de defensa en La Meca el 7 de agosto, la primera prueba para la alianza ya estaba tomando forma. Un día antes, Riad se preparaba ante posibles ataques hutíes desde Yemen y amenazas de grupos vinculados a Irán en Irak.
El pacto une tres de los países más grandes de la región, cada uno dispone de elementos de poder diferenciados. Arabia Saudí, rica en petróleo, es la única economía del G20 del mundo árabe y alberga La Meca y Medina, las dos ciudades más sagradas del Islam. Pakistán es el único estado armado nuclearmente del mundo musulmán.
Türkiye, por su parte, se extiende entre Asia y Europa y cuenta con el segundo ejército más grande de la OTAN. Tanto Islamabad como Ankara están emergiendo como grandes fabricantes y exportadores de armas. Pakistán está históricamente cerca tanto de Arabia Saudí como de Turquía, pero estos dos últimos países no siempre han estado de acuerdo. El presidente turco Erdogan apoyó las protestas populares tras la Primavera Árabe, que Riad consideraba una amenaza para su sistema monárquico de gobierno.
Hace una década, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) unieron fuerzas para luchar contra Türkiye en Libia. También apoyaron al presidente egipcio Abdel Fattah el-Sisi, un exgeneral al que Erdoğan denunció en una ocasión. Pero las alianzas de la región son líquidas. Erdogan y Sisi se acercaron en medio de preocupaciones conjuntas sobre la guerra de Israel en Gaza —apoyando juntos la denuncia de genocidio frente a la Corte Penal Internacional— y los ataques más amplios contra Líbano, Siria e Irán. Mientras que Arabia Saudí y Türkiye comenzaron a restablecer relaciones alrededor de 2021 basadas en comercio e inversiones.
¿Por qué no se activó el Acuerdo con los ataques hutíes?
Los ataques del grupo Ansar Allah hacia instalaciones energéticas, puertos y aeropuertos saudíes llegaron en las semanas continuas a la firma del pacto. Las acciones del grupo incluyeron el cierre del estrecho de Bab Al-Mandeb. La pregunta generalizada era si esto iba a conllevar represalias en nombre de la nueva alianza tripartita. Pero el acuerdo todavía debe atravesar los procesos internos de aprobación antes de que sus obligaciones sean vinculantes. Türkiye deberá someterlo al Parlamento, ya que el presidente no puede ratificar acuerdos de seguridad sin aprobación parlamentaria.[2]
Por lo tanto Ankara y Islamabad condenaron políticamente los ataques contra Arabia Saudí, aunque Islamabad aclaró que Riad no había solicitado su intervención. Mientras tanto, los tres países comenzaron a construir la arquitectura institucional de la alianza. Pero crear instituciones no significa haber acordado cómo responder ante un ataque con misiles o drones.
El compromiso de considerar una agresión contra un miembro como una agresión contra todos invita a compararlo con el Artículo 5 de la OTAN. Incluso allí, la obligación consiste en asistir al aliado atacado, mientras cada Estado determina qué acciones considera necesarias. No existe una represalia militar automática.
Los hutíes pueden convertirse así en la primera prueba tanto de la solidez del pacto, como también una muestra de hasta dónde Türkiye está dispuesta a comprometerse para sostenerlo.