El sábado 14 de abril Estados Unidos (EE.UU.), Reino Unido y Francia emprendieron un ataque contenido en Siria como respuesta al supuesto uso de armas químicas por parte del gobierno sirio. Turquía ha recibido con regocijo el ataque debido a que lo considera un golpe contra el presidente sirio Bashar Al-Assad. El presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, sostuvo que “la operación fue correcta porque no era posible dejar impune el ataque químico”.
La posición adoptada por Turquía abre una serie de interrogantes. El primero de ellos es si el apoyo de Ankara a los ataques implica un regreso al redil Occidental. Este escenario se encontraría obstaculizado debido a que desde 2014 EE.UU. trabaja de manera conjunta en Siria con las milicias kurdos-sirias, YPG (Unidades de Protección del Pueblo Kurdo), organización calificada por Turquía como terrorista.
El segundo interrogante es si la postura de Ankara afecta su vínculo con Rusia. Situación poco probable, ya que ambos países poseen intereses mutuos para continuar cultivando sus relaciones. Rusia necesita a Turquía para satisfacer sus intereses geoestratégicos y de
seguridad; y Turquía requiere de la cooperación rusa para evitar el surgimiento en su frontera de una entidad autónoma kurda.
El tercer y último interrogante refiere a la futura efectividad del Proceso de Astaná, ámbito en el que se buscan soluciones a la crisis siria y en el que participan Rusia, Turquía e Irán, quienes poseen posiciones disidentes debido a que Moscú y Teherán condenaron enfáticamente el ataque a Siria.
Las estrategias de la política exterior turca en Siria no siempre fueron consistentes, sin embargo, éstas se orientan a un mismo objetivo, lograr que el régimen de Bashar Al-Assad no continúe detentando el poder. Es en este marco en el cual se debe analizar el apoyo de Ankara al ataque realizado al gobierno sirio.
https://elpais.com/internacional/2018/04/14/actualidad/1523721200_317471.html
https://www.al-monitor.com/pulse/originals/2018/04/turkey-russia-syria-eyes-turn- ankara-moscow-ties.html