No es la primera vez que Turquía intenta desempeñar un rol clave entre Rusia y Ucrania, considerando que aún mantiene relaciones con ambos estados. En julio de este año, y bajo los auspicios de Naciones Unidas, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan se encargó de facilitar y allanar el terreno para lograr la firma del acuerdo de exportación de cereales de Ucrania, logrando comercializar así más de 20 millones de toneladas de grano ucraniano que se encontraban bloqueados en el Mar Negro y que habían contribuido a la creciente crisis alimentaria mundial.
Con este antecedente, Erdogan intentará erigirse nuevamente en un facilitador entre Rusia y Ucrania en la planta nuclear ucraniana de Zaporizhia. Dicha instalación nuclear fue invadida por Rusia desde el inicio mismo de los conflictos, y durante más de seis meses fue escenario de constantes tensiones y ataques, aumentando así el temor de que surja un posible accidente nuclear.
En este sentido, el líder turco junto al Secretario General de ONU, António Guterres, advirtieron sobre los potenciales y probables peligros de que surja un “desastre nuclear”. Erdogan incluso declaró que estaban preocupados porque no querían que suceda “otro Chernóbil”.
El ofrecimiento de Erdogan de tomar un rol de mediador se produjo cuando un equipo de más de una docena de miembros de la Agencia Internacional de Energía Atómica visitó la planta ucraniana, la más grande de toda Europa, junto al jefe del organismo de control nuclear de la ONU, el argentino Rafael Grossi, quien mencionó que el sitio había sido dañado en los combates.