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FRAME 01/14 · 16 de diciembre de 2016

Turquía y las repercusiones de un golpe fallido

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Fotografía · IREMAI Derechos reservados
16 de diciembre de 2016 3 min Medio Oriente 486 palabras
REPORTE · OBSERVATORIO

El comienzo de este año encontró a Turquía en una situación marcada por fronteras convulsionadas y un gran flujo de personas que, fruto de estas crisis, se presentaron ante sus puertas en busca de asilo. Respecto a esta situación, Ankara negoció un acuerdo con la Unión Europea para tratar conjuntamente la crisis migratoria.

En este contexto regional, Turquía fue blanco de diversos ataques en su territorio, atribuidos a organizaciones nacionalistas kurdas y al denominado Estado Islámico, en momentos en que el país participaba de operaciones contra ambos grupos en su frontera con Siria.

A nivel interno, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), liderado por el actual presidente Recep Tayyip Erdogan, lleva más de una década en el gobierno. El Primer Ministro Ahmet Davutoglu, que formaba parte del gobierno desde sus inicios, se retiró de su cargo en mayo, lo cual fue visto como una consecuencia de las ambiciones de Erdogan de dotarse de mayores poderes, buscando sustituir el actual régimen parlamentario por un sistema presidencialista. El cargo de Primer Ministro fue ocupado entonces por Binali Yildirim, considerado un leal aliado al presidente.

Es en este marco que el 15 de julio una facción del ejército intenta tomar el poder “para proteger el orden democrático y mantener el respeto a los derechos humanos”, acusando al actual gobierno de haber erosionado el imperio de la ley democrática y secular. Erdogan, quien se encontraba fuera del país, instó a la población a movilizarse en contra del golpe, y miles de personas salieron a las calles portando banderas turcas. Luego del fracaso del golpe, el gobierno turco decretó el estado de emergencia, y ordenó la detención de miles de personas y el cierre de numerosas instituciones públicas y privadas. Esta situación ha sido vista como una muestra de la deriva autoritaria del presidente Erdogan.

Mientras que esta situación continúa a nivel interno, el intento de golpe también ha repercutido en las relaciones exteriores de Turquía. Erdogan se mostró crítico con Estados Unidos debido a su cuestionamiento a las medidas tomadas por el gobierno turco, y a su negativa ante el pedido de extradición de Fetullah Gülen, acusado de orquestar el golpe. Por otro lado, Erdogan retomó las relaciones con Rusia, luego de éstas se dañaran debido al derribo de un avión ruso en la frontera turco-siria. Por último, las medidas llevadas a cabo por el gobierno de Erdogan han puesto en jaque el acuerdo migratorio con la Unión Europea y las negociaciones de Ankara para unirse al bloque.

Por todas estas razones, se puede concluir que el intento de golpe de Estado que tuvo lugar en Turquía en julio de este año ha marcado profundamente su política tanto a nivel interno como internacional, y es un factor de suma importancia a la hora de analizar las acciones de este país, que constituye un actor clave en el escenario de Medio Oriente.

LIC. NAHIR ISAAC

Observatorio Región MENA

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