En marzo de 2015, Arabia Saudita intervino militarmente en Yemen para apoyar a Mansour Hadi, y hacer retroceder a los rebeldes houties de la capital, alegando que estaban siendo impulsados por Irán. Sin embargo, los resultados militares no fueron los esperados. Los rebeldes no retrocedieron, y el país se sumergió en una profunda crisis humanitaria.
Desde entonces, todos los intentos de llegar a una solución política han fracasado. No obstante, en un renovado intento, la ONU nombró como nuevo enviado especial al sueco Hans Grundberg en reemplazo del británico Martin Griffiths, quien ocupó el cargo por tres años, y ahora será el encargado general de la ayuda humanitaria de la Organización.
Mientras que el bloque oficialista respaldado por Arabia Saudita manifestó su apoyo al nuevo enviado, los rebeldes afirmaron que no se reunirán con él. Según su portavoz, ‘no tiene sentido’, volver a reunirse, cuando no ha habido avances desde las últimas negociaciones. Los houties reclaman que la coalición libere el bloqueo del puerto de Hodeidah y el aeropuerto de Sana, para luego sentarse a negociar.
Sin embargo, hay ciertas señales que dan un mínimo de esperanza. Riad y Teherán, los principales actores regionales intervinientes han dado pasos para una distensión. El nuevo presidente iraní afirmo que busca mejorar los vínculos con su vecino, y Yemen está en la mesa de negociación bilateral. 6 Por su parte, Estados Unidos se ha mostrado incapaz de tener una política efectiva para finalizar el conflicto. Por ello, se ha limitado a implementar estrategias paliativas, enviando dinero para programas humanitarios. Recientemente, anunció el envío de 165 millones de USD. No obstante, lejos esta de ser suficiente. La ONU manifestó que para el 2021 serían necesarios 4 mil millones de dólares para evitar que el país entre en la peor hambruna del mundo.