El alto el fuego entre Israel y Hamás se sostuvo apenas poco más de una semana antes de colapsar. Ambas partes se acusaron mutuamente de violar el acuerdo, poniendo en duda su continuidad.
En un comunicado reciente, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) denunciaron que “terroristas dispararon un misil antitanque y armas de fuego” contra sus tropas el domingo 19 por la mañana en el área de Rafah, al sur de Gaza, actualmente bajo control israelí. Según el ejército, los ataques palestinos provocaron la muerte de dos soldados. En respuesta, y alegando una violación del alto el fuego por parte de Hamás, Israel lanzó varios bombardeos sobre la Franja de Gaza y suspendió temporalmente la entrega de ayuda humanitaria.
Hamás, por su parte, negó cualquier implicación en el incidente en Rafah, asegurando que “no tenía conocimiento de ningún enfrentamiento en la zona, ya que se trata de áreas rojas bajo control de la ocupación”. Además, acusó a Israel de haber incumplido el alto el fuego en más de 80 ocasiones desde su entrada en vigor.
A pesar de los intercambios de acusaciones, ambos bandos aseguraron ese mismo domingo que continuaban comprometidos con el cese de hostilidades. Donald Trump, principal impulsor del acuerdo, confirmó que el alto el fuego se mantiene, aunque advirtió a Hamás que sería “erradicado” si reanudaba los ataques.
Los acontecimientos de los últimos días, sumados al historial de treguas fallidas entre Israel y Hamás, evidencian la fragilidad de este nuevo intento por detener la violencia. Si bien la presión internacional —principal motor de esta tregua— busca garantizar la continuidad del acuerdo, su futuro dependerá de la voluntad de ambas partes, de su comportamiento en los próximos días y, por supuesto, del cumplimiento de los compromisos asumidos.
Palabras clave: Israel – Hamás – Gaza – alto el fuego – tregua
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