IREMAI· GEMO
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FRAME 01/14 · 21 de noviembre de 2025

Yemen 2025: de rebelde local a una amenaza regional e internacional

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Fotografía · IREMAI Derechos reservados
21 de noviembre de 2025 7 min Medio Oriente 1.431 palabras
REPORTE · OBSERVATORIO

Durante el año 2025, Yemen se ha convertido en uno de los escenarios más activos e inquietantes de la política regional, en gran medida debido al rol desempeñado por los rebeldes hutíes (Ansar Allah) y la intensificación de sus operaciones en el marco de la guerra entre Israel y Gaza. El movimiento, que controla amplias zonas del norte del país —incluida la capital, Saná—, mantiene estrechos vínculos políticos, militares y financieros con Irán, siendo el actor central del denominado “eje de la resistencia”.

La campaña hutí implicó ataques marítimos en el mar Rojo, lanzamiento de misiles y drones de largo alcance y acciones directas contra infraestructura israelí. Este ascenso ha derivado en respuestas militares de Israel, Estados Unidos y aliados regionales, lo que ha contribuido a la ampliación del conflicto y a la centralidad del Mar Rojo como espacio de disputa estratégica. Aunque el movimiento justifica estas ofensivas como expresiones de solidaridad con Palestina y mecanismos de presión para frenar la operación israelí en Gaza, sus acciones han tenido efectos políticos más amplios: han incrementado de forma significativa su visibilidad internacional y evidenciado su creciente capacidad de proyección regional e internacional.

Evolución de las estrategias implementadas por el movimiento hutí

Desde noviembre de 2023, los hutíes adoptaron un patrón sistemático de ataques marítimos contra embarcaciones que consideran vinculadas a Israel o a Estados Unidos. Estos ataques se concentraron en el Mar Rojo, el Golfo de Adén y, especialmente, el estrecho de Bab al-Mandeb, un punto crítico del comercio global sobre el cual los hutíes ejercen control territorial desde la guerra civil.

La ampliación del conflicto yemení hacia el dominio marítimo tiene efectos estructurales para el comercio internacional. En ese sentido, la amenaza hutí ha obligado a numerosas navieras a desviar sus rutas bordeando el sur del continente africano, lo que implica incrementos de hasta 6.500 kilómetros, mayores costos operativos y demoras considerables. Algunas compañías aplicaron el denominado “recargo Mar Rojo”, trasladando los riesgos a sus cadenas logísticas globales.

Cabe destacar el valor estratégico de la zona, ya que el Mar Rojo constituye un corredor de gran importancia comercial y geopolítica que une Europa con el Sudeste Asiático. El Estrecho de Bab el- Mandeb es uno de los nudos de comunicación marítima más importantes del mundo. Por un lado, da acceso a los recursos minerales de África oriental. Por otro lado, el estrecho es un cuello de botella fundamental en el comercio global. Cualquier incidente en estas latitudes tiene consecuencias directas en los mercados internacionales. A su vez, esta región también constituye un enclave fundamental para el transporte de petróleo y gas natural licuado (GNL) desde los países árabes a Occidente. Según una estadística del primer semestre de 2023 del Departamento de Energía de Estados Unidos, transitan alrededor 8,8 millones de barriles de petróleo diarios y unos 4.100 millones de pies cúbicos diarios de gas natural licuado (GNL). En su conjunto, representan un 12 % del petróleo transportado por mar en todo el mundo y un 8 % del gas. En un nivel más general,

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puede advertirse que transita alrededor del 12 % del comercio marítimo global, cerca del 30 % en el caso de tráfico mundial de contenedores, y el 40 % del comercio total entre Asia y Europa.

Otro factor que da cuenta de su crecimiento es el desarrollo de sus capacidades militares. Sus ataques han demostrado un alcance e impacto cada vez mayores. Desde 2024, los hutíes han desplegado drones avanzados, misiles balísticos de mayor alcance y armamento más sofisticado, incluidos misiles supersónicos y con múltiples ojivas. Un ejemplo significativo ocurrió el 7 de septiembre de 2025, cuando atacaron el aeropuerto de Ramon y otros objetivos en Eilat, hiriendo a civiles e interrumpiendo temporalmente actividades aeroportuarias.

Este salto tecnológico resulta difícil de comprender sin considerar el respaldo iraní. El apoyo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) es fundamental en varios niveles. En primer lugar, la provisión de financiamiento ha permitido a los hutíes sostener tanto la administración de los territorios bajo su control como la continuidad de sus operaciones militares.

En segundo lugar, el suministro de armamento avanzado —misiles balísticos, misiles de crucero y una creciente variedad de vehículos aéreos no tripulados— ha transformado al movimiento, que pasó de ser una fuerza predominantemente irregular a un actor capaz de proyectar poder más allá de sus fronteras.

En tercer lugar, la asistencia iraní incluye entrenamiento especializado y asesoramiento operativo. Diversos informes de inteligencia señalan la presencia de miembros de la CGRI y de Hezbolá sobre el terreno yemení. Este personal no se limita a ofrecer apoyo técnico, sino que también participa activamente en la formación de combatientes hutíes en tácticas avanzadas, manejo de drones, lanzamiento de misiles y técnicas complejas de guerra no convencional. Esta combinación de entrenamiento directo y provisión de armamento ha incrementado de manera sustancial la eficacia militar de los hutíes.

Represalia israelí: un futuro incierto para la estabilidad regional

Israel ha mantenido una campaña aérea y naval sostenida contra objetivos hutíes desde el año 2024. Inicialmente atacó puertos clave como Hudaydah, Salif y Ras Issa; luego amplió sus objetivos a infraestructura energética y aeroportuaria, incluyendo la destrucción parcial del Aeropuerto Internacional de Saná y la inutilización de aeronaves operadas por el grupo.

A mediados de 2025 se observó un cambio cualitativo en la estrategia israelí: el paso de atacar infraestructura a operaciones selectivas contra dirigentes hutíes. La muerte del primer ministro Ahmed al-Rahawi el 28 de agosto y el intento de asesinato de Mohammed al-Ghamari en 14 de junio, confirmado seis días después del inicio de un frágil alto el fuego, acentuaron la incertidumbre sobre la evolución del conflicto. En respuesta, el movimiento acusó públicamente a Israel de “crímenes” y prometió represalias, mientras que detuvieron a decenas de empleados de Naciones Unidas bajo acusaciones no corroboradas de colaborar con Israel o tener vínculos con el ataque que acabó con la vida de al-Rahawi.

Pese al alto el fuego vigente en Gaza y a la declaración hutí de suspensión de ataques, la estabilidad del conflicto sigue siendo profundamente incierta. En primer lugar, el anuncio del cese de

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operaciones, expresado en una carta dirigida a las Brigadas Qassam de Hamás, no supone una renuncia definitiva al uso de la fuerza. En ese mensaje, el jefe del Estado Mayor hutí, Yusuf Hassan al-Madani, afirma que el grupo ha detenido temporalmente sus acciones, pero advierte que cualquier reanudación de la ofensiva israelí en Gaza será motivo suficiente para retomar de inmediato los ataques tanto en territorio israelí como sobre la navegación en el mar Rojo. Esta condición revela que los hutíes mantienen la intención de proyectar poder más allá de sus fronteras y de influir activamente en la dinámica regional.

En segundo lugar, el movimiento continúa dependiendo de un discurso de resistencia antiestadounidense y antiisraelí que le permite sostener su legitimidad interna y evitar afrontar plenamente las demandas en los territorios que controla. Yemen, tras una década de guerra, enfrenta una de las crisis humanitarias más graves del mundo, con millones de personas dependientes de la ayuda internacional. En este contexto de fragilidad estructural, los hutíes han logrado presentarse como defensores de la soberanía nacional y de los valores islámicos frente a agresores externos, reforzando así su imagen como una fuerza duradera y capaz de liderar la confrontación en nombre del país.

Conclusión

La evolución del movimiento hutí durante 2025 evidencia su consolidación como un actor armado con capacidad de proyección regional e impacto internacional. Su nivel de organización militar, la diversificación de sus tácticas y su capacidad para condicionar rutas estratégicas del comercio global lo han transformado de una fuerza insurgente local a un protagonista de la seguridad en Medio Oriente. Este ascenso se sustenta, en gran medida, en el respaldo político, económico y militar iraní, que ha permitido a Ansar Allah adquirir armamento avanzado, mejorar su entrenamiento y sostener una narrativa de resistencia que continúa otorgándole legitimidad interna en un Yemen devastado.

Paralelamente, su papel dentro del llamado “eje de la resistencia” adquiere una relevancia inédita, ya que frente al debilitamiento de Hamás tras la guerra en Gaza, la erosión de la capacidad militar de Hezbolá en el Líbano y el desgaste de los aliados iraníes en Siria, los hutíes demuestran su capacidad de adaptación y emergen como un proxy activo y eficaz. Esta capacidad se refleja tanto en su voluntad para desafiar directamente intereses israelíes y occidentales como en su resistencia a las campañas aéreas estadounidenses, británicas e israelíes, que, pese a destruir parte de su infraestructura, no han logrado reducir de manera significativa su capacidad operativa ni su determinación política.

Fuentes

sanaacenter.org aljazeera.com fdd.org

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