El jueves 22 de octubre, Arabia Saudita ordenó la evacuación de la sede de Saudi Aramco en Dhahran, en medio de una escalada de ataques atribuidos a los hutíes de Yemen. La medida, que incluyó la instrucción de trabajar de manera remota, constituye la primera evacuación de este tipo desde el inicio de la guerra con Irán. No se precisó oficialmente el motivo de la decisión ni se anunció una interrupción de las operaciones petroleras de la compañía.
El episodio se produjo después de que un ataque contra el Aeropuerto Internacional Rey Fahd, en Dammam, dejara dos personas fallecidas y ocho heridas el miércoles 21 de octubre. La Autoridad General de Aviación Civil saudí confirmó las víctimas y comunicó posteriormente que las operaciones aeroportuarias se habían reanudado y el tráfico aéreo había regresado a la normalidad. Dammam se encuentra aproximadamente a 15 kilómetros de Dhahran, donde Aramco concentra parte de sus principales funciones operativas.
La petrolera, considerada la mayor compañía exportadora de crudo del mundo, desempeña un papel central en la infraestructura energética saudí. Su sede alberga un centro de operaciones que supervisa instalaciones petroleras terrestres y marítimas, refinerías, terminales de exportación y miles de kilómetros de oleoductos. El edificio ya había sufrido daños importantes durante un ataque hutí a comienzos de octubre, que provocó un incendio en varios pisos. La compañía no respondió inmediatamente a las consultas sobre la nueva evacuación.
La escalada también alcanzó el yacimiento petrolero de Shaybah, situado en la provincia oriental del reino. De acuerdo con información del Ministerio de Energía saudí citada por Reuters[1], dos personas murieron el miércoles después de que las defensas aéreas interceptaran un dron que se dirigía hacia una instalación de Aramco.
Los acontecimientos reflejan la creciente exposición de la infraestructura energética del Golfo a las amenazas militares. La preocupación no se limita a los daños físicos: la seguridad de los centros de operación, los sistemas de transporte y las terminales de exportación resulta fundamental para mantener la continuidad del suministro. El 23 de octubre, el precio del crudo Brent alcanzó los 117,18 dólares por barril durante la jornada, en un contexto de mayor preocupación por las posibles interrupciones de la oferta regional, según Reuters[2].
Aunque la evacuación de Dhahran no implica por sí misma una caída de la producción, constituye una señal de alerta sobre los riesgos operativos que enfrenta Arabia Saudita. La evolución de los enfrentamientos y la capacidad del reino para proteger sus instalaciones estratégicas serán factores determinantes para evaluar la estabilidad de los flujos energéticos regionales.