El pasado 4 de octubre, el presidente del parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, declaró que el Estrecho de Ormuz permanecerá cerrado hasta que Estados Unidos acepte las siete condiciones establecidas en el memorándum de Islamabad. El funcionario advirtió a Washington que la era de perder el tiempo y dictar demandas unilaterales había terminado, y que Irán seguirá combatiendo y negociando, sin dejarse llevar por el entusiasmo ni la intimidación ante las propuestas estadounidenses.
A esta declaración se le suma la del ministro Abbas Araghchi, quien reforzó la postura iraní, señalando que el país está decidido a encontrar soluciones diplomáticas pero preparado para defenderse. Además aclaró que cualquier nueva acción militar encontraría una respuesta iraní más contundente.
El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Esmaeil Baghaei, fue el encargado de arrojar luz sobre la principal divergencia entre Teherán y Washington: mientras el primero busca ante todo la reapertura del estrecho, el segundo focaliza el conflicto en la cuestión nuclear.
Esto no es nuevo, pero fue precisamente sobre este último punto que Washington envió señales contradictorias. El vicepresidente Vance sugirió una posible flexibilización al pedir que Irán realice una reducción significativa de su capacidad de enriquecimiento de uranio, en lugar de exigir su abandono total. Vance cuestionó para qué se necesita combustible enriquecido al 60% si no se quiere un arma nuclear.
El secretario de Estado, Marco Rubio, en cambio, mantuvo una postura más dura al declarar que Irán no puede tener un arma nuclear. A su vez, afirmó que el país había perdido el control completo sobre el Estrecho de Ormuz y enfrenta un colapso económico producto de las sanciones.
El presidente Masoud Pezeshkian calificó las negociaciones de inútiles, señalando que cada vez que su país llega a la mesa, le imponen la guerra. Sin embargo, el canciller Araghchi dejó abierta la puerta al diálogo, indicando que solo negociaciones basadas en la justicia y la equidad podrían poner fin al conflicto. Según analistas, las prioridades reales de Teherán son el levantamiento de las sanciones, el descongelamiento de sus activos, el fin del bloqueo naval y la resolución de los conflictos regionales, en particular en el Líbano.
Mientas las prioridades de uno y otro se dan a conocer, los ataques no cesan, doce tripulantes de un buque panameño resultaron heridos por un proyectil desconocido en el estrecho, según el Ministerio de Relaciones Exteriores de India. Para el analista Simon Mabon, el aparente ablandamiento de Estados Unidos en la cuestión nuclear podría revelar que Washington no está del todo seguro de que el estrecho funcione con normalidad; si lo estuviera, presionaría por un acuerdo más duro.[1][2]